Entré en la selva
de los relojes.
Frondas de
tic-tac,
racimos de
campanas
y, bajo la hora
múltiple,
constelaciones de
péndulos.
Los lirios negros
de las horas
muertas,
los lirios negros
de las horas
niñas.
¡Todo igual!
¿Y el oro del
amor?
Hay una hora tan
sólo.
¡Una hora tan
sólo!
¡La hora fría!
Federico Gacía Lorca
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