[...] ¿Sonríe al sol de oro
de la tierra de
un sueño no encontrada;
y ve su nave
hender el mar sonoro,
de viento y luz
la blanca vela hinchada?
El ha visto las
"hojas otoñales,
amarillas, rodar,
las olorosas
ramas del
eucalipto, los rosales
que enseñan otra
vez sus blancas rosas...
Y este dolor que
añora o desconfía
el temblor de una
lágrima reprime,
y un resto de
viril hipocresía
en el semblante
pálido se imprime.
Serio retrato en
la pared clarea
todavía. Nosotros
divagamos.
En la tristeza
del hogar golpea
el tictac del
reloj. Todos callamos. [...]
António Machado
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